¿Qué pasará con nuestras pensiones?

 

Esta entrada del Blog estará centrada en un análisis sobre algo que debería ser una de las principales preocupaciones para la sociedad a día de hoy, que ya lo venía siendo desde hace ya muchos años (aunque no haya ocupado tantas portadas de rotativos como lo hace en la actualidad), y que lo seguirá siendo en el futuro, sobre todo si no se afronta el problema de una vez y se deja de poner parches que no hacen más que engordar un problema futuro.

Para empezar, analicemos el ecosistema de factores en el que las pensiones tendrían una alta viabilidad:

  1. Plena ocupación.- La plena ocupación es algo idílico e imposible de alcanzar para un Estado. Nunca va a estar toda la población activa de poder trabajar ocupada, pero consideraremos que hay pleno empleo cuando el mercado laborarl está relativamente ajustado
  2. Crecimiento de los salarios indexados a la inflación.- El crecimiento parece una consecuencia lógica de la premisa anterior, ya que el pleno empleo provoca un aumento acelerado de los salarios, porque los empleadores deben pagar más para atraer y conservar empleados. Y el aumento de estos sueldos se trasladan pronto a la inflación, que crecerá de la mano.
  3. Esperanza de vida de diez años tras la jubilación.-  La esperanza de vida es la media de la cantidad de años que vive una determinada población.  La esperanza de vida no está ligada con la esperanza matemática del número de años que vivirá realmente una persona. Esto sucede debido a los cambios tecnológicos y otros incidentes que variarán las tasas de mortalidad.
  4. Pirámide de vida progresiva.- Existen tres tipos de población básicos, y la pirámide progresiva presenta una base ancha frente a unos grupos superiores que se van reduciendo, consecuencia de una natalidad alta (baby-boom) y con perspectivas de crecimiento.

Esa era la realidad que en general se vivía no hace mucho en nuestro continente, pero hoy día la realidad es muy distinta, y el futuro a corto-medio plazo no parece ser muy esperanzador:

  1. Tasa de desempleo alta.- España con un 16,40% es hoy día el segundo país con más desempleados de Europa después de Grecia, que ostenta el primer puesto con un 20,90% (datos de diciembre 2017). Esto está muy lejos de la situación idílica del pleno empleo. España cerró 2017 con la proporción de 2,3 cotizantes por beneficiario, la más pobre en casi dos décadas pese a que 2017 fue un año récord de empleo, con un incremento de la afiliacación media a la Seguridad Social en más de 600.000 personas. Hay que tener en cuenta que la cifra óptima sería de 3 cotizantes por cada pensionista, y la insostenible sería menos de 2 cotizantes por pensionista.
  2. Crecimiento de los salarios por debajo de la inflación.- La subida del IPC este año cierra con 1,2% (mes más bajo del año frente al 3% de enero y febrero). Si comparamos este dato con la subida del 0,25% de las pensiones y el 1% del sueldo de los funcionarios, vemos que ambos han perdido poder adquisitivo. Además de toda persona que no haya visto incrementado su sueldo un 1,2% respecto al año anterior.
  3. España es el segundo país con mayor esperanza de vida.- La esperanza de vida de los españoles es de 83 años, 10 años por encima de la media mundial. Es decir, que son 6 años de vida más de lo ideal para un ecosistema ideal en la viabilidad de las pensiones.
  4. Pirámide de vida regresiva.- Esta pirámide de población se da debido al descenso en la natalidad y al envejecimiento continuo de su población; por tanto, su perspectiva de futuro es de descenso y es la que corresponde a países desarrollados. Esto quiere decir que cada vez hay menos cotizantes por cada pensionista.

El resumen, a día de hoy el sistema no es sostenible, pues cada vez se cobra menos, se vive más y son menos cotizantes que mantienen el sistema. Se puede intentar sostener este modelo pero se tiene que ingresar más y cuanto más tarde se solucione, mayor será el problema. Nadie afronta este problema, porque decir que las pensiones no son sostenibles es un tema político, implica la pérdida de votos y nadie quiere abordarlo, aunque cada vez sea la pelota más grande.

La realidad es que los nuevos jubilados irán este año por primera vez como media con el 70% de su último sueldo, frente al 80% vigente durante la crisis, debido al recorte que marca la reforma de pensiones impulsada por el Gobierno en 2011. La llamada Ley de Modernización de la Seguridad Social de aquel año ha conseguido que en 2018 la reducción de las nuevas pensiones se ya del 10% (tal y como confirmó José Luis Escrivá, presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF).

Ayer mismo, los distintos partidos políticos buscaban la solución al problema. La mayoría veían la solución en ligar las pensiones al IPC, y los menos en incentivar la natalidad y mejorar el mercado laboral más precario de la UE para que el sistema sea perdurable.

Los ciudadanos que empiecen a cobrar las pensiones por el año 2050, habrán sufrido una bajada del 30%, o lo que es lo mismo, la pensión mínima de hoy de 637,7€ pasaría a ser de 445,2€.

El futuro es una incertidumbre, porque todo está sujeto a las posibles medidas que el Gobierno tome en cada momento, sean acertadas o desacertadas. Pero lo que si está claro es que la sociedad tiene que tomar parte en el asunto y la forma más inmediata sería empezar a buscar un suplemento para su jubilación y no dejarlo todo en manos de la suerte o del Estado.